Aunque lo más fashion ahora es el running, no hay necesidad de salir a correr por ahí a deshoras cuando tienes a tu alcance el entrenamiento de alto rendimiento. Sigue esta sencilla tabla y repítela de lunes a viernes. Puedes incluir elementos adicionales que convertirán este programa deportivo en la denominada "rutina de ejercicios cortos e intensivos".
Levántate
a las 6 de la mañana para no pillar atasco en el baño. Dúchate rápido y ve
rezando tres padrenuestros para que el bebé no se despierte antes de que te
quites el champú de la cabeza. Luego prepara ropa de colegio para los mayores -utiliza el GPS para geolocalizar los calcetines-; prepara un desayuno completo para todo
el mundo tal como dice el pediatra: lácteo, cereales, proteínas, fruta y frutos
secos. No te cuestiones si hay tiempo y estómago para comer tanto.
Despierta
a los niños/as mayores (puede ser 1 o más) aplicando nociones básicas de
inteligencia emocional y pautas psicológicas infantiles (dando gritos). Si
tienen entre 4 y 8 años ya debes haber aprendido a ser ambidiestra. Replica lo
que le pasa al protagonista de El día de la marmota repitiendo “desayuna” tantas veces como sea necesario.
Puedes sustituir 2 niños semi-pequeños con 1 adolescente. Con esa joya podrás superar sin dificultades la prueba de resistencia
escuchando frases dedicadas a tu persona como: “los calcetines que me gustan
nunca están limpios ni en su sitio”, “te dije hace doce días que hoy tengo
que llevar 5 euros para la fiesta”, “no me da tiempo a bajar la basura”, etc.
Mientras
escuchas semejantes reproches, prescinde de llorar: tienes que pintarte la raya del ojo. Ponte el maquillaje de
tal manera que, cuando te veas en otro espejo dos horas más tarde, no te parezcas
a esto… Es la “Mujer llorando” de Picasso, pero podrías ser tú perfectamente.
Cuando
estés lista monta el cochecito (intenta no pillarte las manos con la bisagra,
te aseguro que te irás sangrando porque no encontrarás las tiritas), sube al
bebé, agarra al/los mayores (cuéntalos, no te dejes a ningún dentro), carga sus
mochilas, la cartulina DIN A3 que uno de ellos tiene que llevar al cole, tu
bolso, tu fiambrera para malcomer en la oficina, las llaves (no olvides
cambiarte las zapatillas por los zapatos, que ya vas pelín tarde) y sal pitando.
Para incrementar este ejercicio con un nivel de dificultad decente que te haga quemar más calorías: reza para que alguno vomite
justo al pisar la calle. Conseguir meterte en el ascensor como si hubieras hecho un sudoku a la primera, volver a sacarlo todo, cambiar al vomitado, cambiarte tú, y volver a hacer el sudoku, se traduce en 150 calorías menos.
Corre
como si te jugases la vida hasta llegar al colegio. Primero, lanzas al/los mayores en la puerta y luego sigues corriendo por la pista hasta
dejar al bebé en la guardería. Si llueve, mucho mejor, eso aumenta la
dificultad de la prueba. Te aseguro que al mismísimo Usain Bolt le gustaría
entrenarse en condiciones tan extremas.
Cuando
te hayas deshecho de ellos y de su equipaje (que parece que van a pernoctar una
semana y no que van a estar ocho horas en un colegio); vuela al metro para no
llegar ni un minuto tarde a tu trabajo. La cara de perro de tu jefe o jefa
puede ser espectacular. Y el comentario, más: “no entiendo como levantándote a las 6 de la mañana, llegas tarde…”.
