viernes, 28 de agosto de 2015

Perdona, ¿me estás llamando calva?

El maravilloso y divertido equipo de WeLoverSize publicó estas reflexiones sobre el pelazo que dejamos de tener a los cuarenta y tantos.

¡Espero y confío que no os sintáis demasiado identificadas!

http://weloversize.com/lifestyle/perdona-estas-llamando-calva/

viernes, 16 de mayo de 2014

Operación bikini

¿Preocupada por la llegada inminente del verano? Como en cualquier revista glamour que se precie aquí va una tabla de entrenamiento de 5 días, para que en ese momentazo en el que te pruebas el bikini del año pasado, solo te siente como un tiro el tono albino de tu piel.

Aunque lo más fashion ahora es el running, no hay necesidad de salir a correr por ahí a deshoras cuando tienes a tu alcance el entrenamiento de alto rendimiento. Sigue esta sencilla tabla y repítela de lunes a viernes. Puedes incluir elementos adicionales que convertirán este programa deportivo en la denominada "rutina de ejercicios cortos e intensivos".

Levántate a las 6 de la mañana para no pillar atasco en el baño. Dúchate rápido y ve rezando tres padrenuestros para que el bebé no se despierte antes de que te quites el champú de la cabeza. Luego prepara ropa de colegio para los mayores -utiliza el GPS para geolocalizar los calcetines-; prepara un desayuno completo para todo el mundo tal como dice el pediatra: lácteo, cereales, proteínas, fruta y frutos secos. No te cuestiones si hay tiempo y estómago para comer tanto. 

Despierta a los niños/as mayores (puede ser 1 o más) aplicando nociones básicas de inteligencia emocional y pautas psicológicas infantiles (dando gritos). Si tienen entre 4 y 8 años ya debes haber aprendido a ser ambidiestra. Replica lo que le pasa al protagonista de El día de la marmota repitiendo “desayuna” tantas veces como sea necesario. 

Puedes sustituir 2 niños semi-pequeños con 1 adolescente. Con esa joya podrás superar sin dificultades la prueba de resistencia escuchando frases dedicadas a tu persona como: “los calcetines que me gustan nunca están limpios ni en su sitio”, “te dije hace doce días que hoy tengo que llevar 5 euros para la fiesta”, “no me da tiempo a bajar la basura”, etc.


Mientras escuchas semejantes reproches, prescinde de llorar: tienes que pintarte la raya del ojo. Ponte el maquillaje de tal manera que, cuando te veas en otro espejo dos horas más tarde, no te parezcas a esto… Es la “Mujer llorando” de Picasso, pero podrías ser tú perfectamente.

Cuando estés lista monta el cochecito (intenta no pillarte las manos con la bisagra, te aseguro que te irás sangrando porque no encontrarás las tiritas), sube al bebé, agarra al/los mayores (cuéntalos, no te dejes a ningún dentro), carga sus mochilas, la cartulina DIN A3 que uno de ellos tiene que llevar al cole, tu bolso, tu fiambrera para malcomer en la oficina, las llaves (no olvides cambiarte las zapatillas por los zapatos, que ya vas pelín tarde) y sal pitando. 

Para incrementar este ejercicio con un nivel de dificultad decente que te haga quemar más calorías: reza para que alguno vomite justo al pisar la calle. Conseguir meterte en el ascensor como si hubieras hecho un sudoku a la primera, volver a sacarlo todo, cambiar al vomitado, cambiarte tú, y volver a hacer el sudoku, se traduce en 150 calorías menos.

Corre como si te jugases la vida hasta llegar al colegio. Primero, lanzas al/los mayores en la puerta y luego sigues corriendo por la pista hasta dejar al bebé en la guardería. Si llueve, mucho mejor, eso aumenta la dificultad de la prueba. Te aseguro que al mismísimo Usain Bolt le gustaría entrenarse en condiciones tan extremas.

Cuando te hayas deshecho de ellos y de su equipaje (que parece que van a pernoctar una semana y no que van a estar ocho horas en un colegio); vuela al metro para no llegar ni un minuto tarde a tu trabajo. La cara de perro de tu jefe o jefa puede ser espectacular. Y el comentario, más: “no entiendo como levantándote a las 6 de la mañana, llegas tarde…”.

domingo, 13 de octubre de 2013

Cosas que dijiste que nunca dirías



-       ¡En esta casa entrará una mascota cuando a mi me saquéis con los pies por delante!

Con esta sentencia sobre tus hombros, llegas a tu casa con un pez metido en una bolsa de bocadillo en el asiento del copiloto. Un pez vivo. Una semana más tarde del “error”. No podías imaginar que una frasecita aparentemente inocente; un “¡ya veremos!” en manos de gente que mide poco más de un metro (algunos incluso menos), se convierte automáticamente en tal acoso que ni Brody, el de Homeland, se hubiera cambiado por ti en su interrogatorio a manos de Abu Nazir.

Y tú, muy cool, te llenabas la boca (cuando aun no estabas rodeada de gente de menos de un metro) hablando con amigos en plan: “me he leído todos los libros de psicología emocional infantil y la clave está en poner límites y castigos alcanzables” o, “cuando tenga hijos pienso explicarles las cosas razonadamente” o, “nunca repetiré las frases de mi madre, ¡qué burradas!” o, “¿mi padre?, un nazi, oye… a mi no se me ocurriría amenazar y, te puedo asegurar que jamás le pegaría un tortazo a mi hijo, eso es maltrato y los deja traumatizados”. Qué joyitas soltaste.

Joyitas que te vas a tragar de una en una, porque no solo te equivocas una vez, sino que en la próxima te superas y te encuentras como si te hubiera abducido un platillo volante con vida extraterrestre y te hubiera soltado un año más tarde en tu casa, con ¡un setter inglés! Veintitantos kilos, 65 cm de alto (cuando va a cuatro patas, si entra en euforia es más alto que tú). El “heredero” de Nemo que duró exactamente un telediario gracias a tus cuidados. Los niños te recordaban a diario que el pez no podía estresarse, pero parece que no le sentaba bien caerse en el fregadero cada vez que había que cambiarle el agua, y decidió que la muerte casi era mejor que vivir en esa casa de locos.

Luego bien mirado, en épocas jodidas de virus y eso, tampoco hay tanta diferencia entre que vomite uno o dos a las cuatro de la madrugada; el niño te vomita encima justo cuando le vas a poner el tupper (gran método anti-vómito), y el perro vomita detrás del sofá, ese lugar tan accesible y fácil de limpiar. Coño, mira que es difícil ponerse de acuerdo, pues “ellos” lo hacen tan fácil que te ahorran dos noches seguidas de tute.

Que no cunda el pánico: te vas a tener que duchar igual a las cinco de la mañana cuando, al apartarte la melena agria, te das cuenta que has puesto tus pies justo encima de los restos de spaghetti con chocolate; en ese momento, tu casa parece un campo de minas y tú una stripper en plena actuación, contorsionándote y prácticamente en bolas.

Coronando el momentazo, aparece el otro niño o niña haciendo arcadas del asco, porque en realidad está perfectamente y libre de virus. Y llegado ese momento pegas el primer grito del día (recordemos que son casi las 6 de la madrugada):

-       ¡Como vomites te sacudo un tortazo!”.

Gran joya has soltado, como tu madre.

jueves, 1 de noviembre de 2012

S-In generation

Está claro que la palabra de moda no es “wiki” ni “blogging”, ni “puntocom”; es “CRISIS”, así en color sangre, calibri 12 y “caja alta” que dirían los diseñadores gráficos; o sea, mayúsculas en castellano. En las noticias (telediario para los de mi quinta) se repite una media de mil veces a la hora; en el mundillo laboral está en primera fila, tanto si estás dentro (dónde, por supuesto, estarás haciéndole la ola a tu jefe-jefa a diario y poniendo velas a todos los santos), como si estás en la cola de paro.

Ay... piénsalo bien: ¡qué sería de nosotros sin esas noticias diarias que nos animan! (a patalear en el suelo o llorar por los rincones, claro); como una de hace unos meses que nos avisaba de que los parados iban a asumir los "servicios para la comunidad". O sea que además de vivir por encima de tus posibilidades, aguantar carros y carretas -que ya los querría Manolo Escobar- y haber dedicado tu vida laboral para:
  • Comer y dado de comer a tus hijos en los últimos años.
  • Pagar el kit de supervivencia (comida, luz, agua, y derivados).
  • Escolarizar a la descendencia que jamás te retirará (básicamente porque conseguirá trabajar con más de 40 y tú estarás en la residencia de ancianos –si “alguien” te la paga- o con un pie en la otra dimensión).
  • Y, algunos descerebrados por comprarse una casa (que no sé lo que se puede tener en la cabeza para cometer semejante osadía)
Después de sudar todo eso y más, te sorprenden con semejante medida innovadora. Pero, nada de quejas, hay que tener en cuenta que el deber es mantener contenta a nuestra presidenta, Angela Merkel, que con iniciativas como éstas le falta espacio en el bolso para meter tanta satisfacción.

Nuestro mundo está en plena revolución, o eso parece, pero después de tanta acampada, manifestaciones y movimientos varios, debemos reivindicar la generación a la que orgullosamente pertenecemos mis amigas íntimas y yo: la Generación “S-iN”, establecida unánimemente por las siguientes bases:
  • Con unos 40 (año arriba, año abajo) y S-iN esa filosofía maravillosa de Anita Obregón que dice que “a los veinteañeros masculinos les suele gustar las cuarentonas como ella”. Sin comentarios, no me salen las cuentas.
  • Con 24 horas al día a su disposición en la “mejor edad” y S-iN un puto minuto para pasar por la esteticista y evitar hacerse trenzas con los pelos de las piernas.
  • Con una amplia gama de tratamientos anticelulíticos, cremas de la repera que te quitan las líneas de expresión (arrugas en mi idioma) en 20 días, métodos varios tipo pilates, yoga, etc., para equilibrar tu vida emocional (que falta te hace a estas alturas) y S-iN un duro ni un minuto para ponerte la hidratante de Mercadona.
  • Con una vida profesional por delante (que para eso batallaron las mujeres no hace tanto tiempo) y S-iN ninguna oportunidad, porque a ver quién es la guapa-lista-inteligente-magnífica madre-modélica amante de su marido-creativa-positiva-que no pierde nunca los papeles-que hace pasteles caseros los miércoles-que en su casa no entra ni un congelado-que tiene el Excel de los gastos del hogar actualizado-que siempre tiene jengibre en casa para las recetas imposibles-que limpia su casa ella misma porque como ella no lo hace nadie y además es gratis-que está al día de las ecuaciones matemáticas, los cambios en el mapamundi y el vocabulario de inglés para los deberes de los niños-que compra en el súper más barato porque ha hecho una comparativa de todos los de su ciudad-que se pone la crema de Mercadona todos los días-que no se equivoca y le enchufa el apiretal al portero cuando los niños se ponen malos a la vez y tiene que combinar tres medicinas diferentes cada 8 horas a 2 o 3 niños-que va al gimnasio para que no se le caiga el culo-y que trabaja 8 horas (aunque sea en un trabajo de mierda)-hace las extras que haga falta-que no pierde la compostura aunque le bajen el suelo y le suban el alquiler- que es competente, eficaz y eficiente-sin ojeras en la cara, y no muere en el intento.
Que nos han tomado el pelo… que reivindico la Generación S-iN, con el guioncito, para no desmarcarme de la modernidad y las nuevas tecnologías. Y que montaba yo una huelga general en la república independiente de todas las casas, incluida la del presidente del gobierno y sus ayudantes y los ponía a hacer hamburguesas caseras, abdominales, a firmar una nómina de menos de 1000 euros con una mano y a corregir los deberes de los niños con la otra; repartiendo apiretales y ventolines, haciendo el pino-puente, todo a la vez y, ojito, sin perder la sonrisa no vayamos a montar una crisis por gusto.